Se acata y obedece
      es el artículo de Jabier Salutregi Mentxaka, Director de EGIN, publicado en GARA el 22 de agosto de 1999.


      Se acata y se obedece

      Jabier Salutregi Mentxaka Director de "Egin"

      La soberbia sólo se sostiene cuando detrás de ella está la manada que aplaude las bravuconadas del pinturero chulapón que cree estar poseído por la virtud de la certeza y por la firme sensación de su imprescindibilidad, dos endebles razones frente al tiempo, pero que brotan en momentos clave cuando el grupo dominante se siente encogido y arrugado ante asuntos que hieden y repugnan. Cuando esto sucede y algo repele a un partido, éste siempre hace surgir desde sus entrañas al altivo personaje que con el donaire y tronío de quien sabe piafar y relinchar a un tiempo, hará frente al amargo trago sin importarle ser cabeza de turco sin con ello alcanza buenos dividendos.

      Azkuna lleva camino de ser un alcalde matasiete que con las maneras gilianas de rompe y rasga siempre impondrá su órden al público aunque con ello, claro está, tenga que machacar al público por mantener su sentido del orden. La defensa de la legalidad y el rancio concepto de la política que le lleva a caer en el viejo tópico de condenar la violencia "venga de donde venga", le hacen olvidar al alcalde de Bilbo que si la primera, la legalidad, tiene en cualquier parte del globo terráqueo la mismas cualidades de la goma, condenar la violencia mirando a una veleta tiene en su caso, como primera consecuencia, su autocondena, pues la imposición de una legalidad extraña, repudiada e impositiva es la violencia en primera instancia y la voluntad del alcalde en acatarla lo es en la segunda.

      No obstante, el chupinazo a veces ciega con el fogonazo, y hace comenzar las fiestas a tientas. Quizás por eso, en su soberbia, el alcalde de los bilbainos, el mismo que dice que "tiene las ideas clarísimas", acierta de pleno cuando quiere ver en los demás lo que podría plasmarse en su propio espejo. "La violencia ­asegura categórico­ no se puede aceptar de ningún tipo".

      Y de eso se trata. La bandera española es hoy por hoy el mejor y mayor símbolo de violencia, pues por sus dos colores se rompió la legalidad arrancada por todo un pueblo y se levantan un millón de tumbas. Su imposición desgarró la historia hasta convertirse en el emblema de la noche más negra y larga de este y de otros pueblos del Estado. Y es cosa tan señalada su violento existir que para ondear necesita que le dé soporte el mástil de la Ley, confirmación de la desconfianza infinita del legislador español hacia el sentimiento que despierta la rojigualda en Euskal Herria y en otras nacionalidades supervivientes a este Estado.

      Recuerdo a un viejo gudari, militante del PNV y de aquella ELA que él llamaba "Soli", cuando describió con una bíblica y gráfica frase el para él insólito hecho de encontrarse en la muga, ondeando en terreno de Iparralde a la ikurriña flanqueada por las banderas francesa y española: "Fue ­decía­ como ver a Jesucristo entre los dos ladrones".

      Para el alcalde de Bilbo y para el variopinto BBB que le cobija, las específicas concreciones de la legalidad española, por las que se impone el tranquilo ondear de la bandera española en el principal mástil de la casa consistorial constituyen un alivio y un escudo psicológico similar al que posiblemente pudieron sentir, salvando las lógicas distancias, los alcaldes que crecieron bajo la sombra del Gobierno de Vichy o aquellos funcionarios que se sentaron en el banquillo de los acusados en el Proceso de Nuremberg y en su defensa, como un sonsonete fácil y débil, argumentaron la obediencia debida, esto es, el cumplimiento de su legalidad.

      Tampoco debemos olvidar que Azkuna es terminación nerviosa de un PNV que, sobre todo en Bizkaia, no termina de digerir Lizarra-Garazi, como lo prueban sus insolentes declaraciones en torno a la asamblea de electos del próximo 18 de setiembre: "No sé todavía ­nos ha adelantado­ si estaré el día 18 en la asamblea de electos, pues tengo un viaje a primeros de setiembre y no sé si estaré. Para mí, el 18 de setiembre es el siglo XXI".

      Estas declaraciones se complementan con las realizadas pocos días antes por los dirigentes del PNV que subrayaron con igual descaro que el 18 de setiembre estarán en la citada asamblea todos los electos del PNV que "lógicamente estén en Euskal Herria".

      El alcalde de Bilbo es cabeza visible de aquellos que salen movidos en la foto abertzale del partido de Arzalluz, por esto, invocar la legalidad para que la bandera española ondee, clamar ante los ávidos medios de comunicación hispanos en contra del "rebrote de la violencia callejera", contrariando al mismo consejero de Interior ­que públicamente ha negado que esto sea así y que, además, ha pedido "una rebaja de tensión, en concreto en Bilbao, porque la sociedad se merece unas fiestas en paz"­, sólo puede tener un fin tan concreto como ambicioso: Iñaki Azkuna está desplegando todas sus artes de malabarismo y sus plumas más brillantes para encandilar a los concejales del frente español y llegar con ellos a un pacto que, de llegar a firmarlo con EH, le quitaría el sueño. Con los nacionalistas españoles y con su legalidad se siente mejor. Se siente cómodo en España y por ello está dispuesto hasta cambiar del revés aquel pase foral que fue heredado con orgullo como divisa del Partido Nacionalista Vasco. Hoy "se acata y se obedece"... Y lo que haga falta.

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